– Texto dedicado a la Cofradía de San Bernardo en el Pregón de la Semana Santa del año 2012, pronunciado en el Teatro de la Maestranza por D. Ignacio Pérez Franco, el día 25 de marzo.

La Semana Santa supone también, para muchos sevillanos, un tiempo de recuerdos y de reencuentros. Es un volver sobre nuestros pasos con el sueño de alcanzar el tiempo pasado y ya perdido para siempre de la infancia, aquel tiempo sin tiempo del niño que cantó Cernuda.  

Posiblemente, para algunos ese pasado que reviven en los días santos fue feliz, aun en medio de riadas, penurias, incomodidades y privaciones, en aquel barrio que un buen día, por los avatares más diversos de la existencia, tuvieron que abandonar para crear un hogar, posiblemente más cómodo y moderno, en otro lugar, tal vez próximo, quizás lejano, pero, en cualquier caso, muy distinto al de aquellas calles y plazuelas donde se había estrenado la vida.

Y que mejor ocasión para releer aquellas primeras páginas, amarillas de nostalgia, del álbum de los recuerdos que reunirse con la familia, con los amigos o con los antiguos vecinos de corral y patio, en torno a Cristo y a la Virgen el día en el que sale la Cofradía de la niñez.

Cristo y la Virgen no emigraron como ellos, aunque las estampas con sus benditas Imágenes siempre viajaron con sus devotos en las carteras o en aquel cuadro del comedor humildemente enmarcado. Pero sobretodo, siempre estuvieron presidiendo ese altar levantado en el fondo del corazón al que nunca le faltan las flores frescas de una oración y la cera encendida de un recuerdo.

En San Bernardo, continúan recibiendo de fieles y devotos oraciones y fervores. El Señor sigue repartiendo desde la Cruz Salud mientras la Virgen nos ofrece, hermosa, el calor de sus manos como Refugio en los momentos duros de la existencia.

Si ello es así se debe, en gran medida, a la acendrada devoción de unos cofrades que se cuentan por miles y, todo hay que decirlo, al celo de un Párroco, que Dios tenga en su gloria, que se adelantó a todos los planes pastorales consiguiendo, con tesón y testimonio, el fin que, hoy por hoy, anhela nuestra Iglesia diocesana para todos los fieles en general y para nuestras corporaciones en particular: que la Hermandad respirara por su Parroquia, que ésta gozara y disfrutara de su Hermandad y que el barrio entero abrazara a ambas.

Este milagro del reencuentro se hace realidad cada Miércoles Santo cuando el antiguo barrio es reconquistado con la sangre, siempre nueva, de aquellos vecinos de la diáspora que marcharon con la esperanza intacta de volver, al menos, ese día del año. Sangre que corre, revitalizándolas, por las viejas arterias del arrabal que tanto saben de reconquista. Gallinato, Almonacid, Santo Rey, Tentudía. En ellas se espera, impaciente, la hora exacta en la que el Cristo de la dulce muerte que soñara Andrés Cansino roce con la yema de sus dedos las copas de los árboles que orillan una calle que, ese día, es más ancha que nunca. O el momento concreto en el que la Virgen, entre sedas y alamares toreros, antes de subir un puente que sólo existe para que Ellos pasen, despache con su manto al toro negro de la nostalgia con una verónica de amor en el ruedo de los sueños.

Mientras esta escena se repita año tras año con las primeras luces de la tarde del Miércoles Santo, seguirá vivo el viejo Barrio, con su Iglesia, desafiante sobre el maltrecho caserío, pero viva, más viva que nunca. El barrio vivirá aunque le arranquen, de cuajo, sus señas de su identidad, mientras exista su alma, uno solo de sus vecinos, su pulmón, la Parroquia y su amor, la Cofradía, pues

 

Cayó la Plaza de Toros

y se fue, la Artillería

pero queda la SALUD

y el REFUGIO de María

¡Que gozo de San Bernardo!

¡Qué gloria de Cofradía!

 

  – Texto dedicado a la Cofradía de San Bernardo en el Pregón de la Semana Santa del año 2011, pronunciado en el Teatro de la Maestranza por D. Fernando Mª. Cano-Romero Méndez el día 10 de abril: 

 No se si habrá alguno de los antiguos vecinos del hoy rehabilitado barrio de San Bernardo que no acuda a la cita anual del Miércoles Santo para vivir con una intensidad difícil de describir la salida de su cofradía. Sus calles son incapaces de contener la multitud que se agolpa junto a las Imágenes de su más encendida devoción. En el Puente, el paso de Cristo ya subió recordando la soleá buzoniana: Salud, salud la que da la muerte del Cristo de San Bernardo cuando pasa por el puente, y nos permitirá ver llegar el hermoso palio de la Virgen del Refugio, que irá girando poco a poco, con la gracia torera de una lenta y ceñida verónica para alcanzar en perfecta chicotá la cima donde el sol pellizcará la plata de su orfebrería, llenándola de besos de oro mientras abandona su barrio que al regreso la recibirá entre olés al caer la medianoche. Es San Bernardo y está entrando en Sevilla. 

 

  – Texto dedicado a la Cofradía de San Bernardo en el Pregón de la Semana Santa del año 2009, pronunciado en el Teatro de la Maestranza por D. Enrique Henares Ortega el día 29 de Marzo:

“…SAN BERNARDO ES UN BARRIO QUE HAY EN SEVILLA

Semana Santa de los barrios donde la pureza y la popularidad parecen un reducto de la historia de los años pasados. De ahí San Bernardo que es un barrio que hay en Sevilla donde existen calles con los más puros recuerdos fernandinos, en el que para mí se ha hecho templo la amistad. Un barrio que hizo de la muerte Salud en el Cristo más sevillanamente alumbrado en su paso y de María el Refugio único. Y como barrio torero hizo del palio un requiebro de verónicas intangibles y en cada esquina a la vuelta, por mor de sus costaleros, un recorte de Pepe Luis en forma de oración torera, que hasta el capote arde en el oro de la tarde soñando con el alarde de un palio que borda el toreo.

El barrio no tiene otro Domingo de Ramos que el mismísimo Miércoles Santo. Primera teoría del barrio. Los estrenos para el Miércoles Santo; la vuelta al barrio de los que tuvieron que irse para el Miércoles Santo; los abuelos y los nietos, para el Miércoles Santo; la meta del gozo y la gloria que toda la ciudad sitúa en el Domingo de Ramos, para el Miércoles Santo; el encuentro con los vecinos que fueron para el Miércoles Santo; la Salud y el Refugio en el Miércoles Santo.

Segunda teoría del barrio: La Salud en la Muerte. Difícil teoría. ¿Es posible encontrar en la muerte la Salud?. Éste barrio nos contesta que sí, que en la propia muerte de Cristo nos encontramos con la Salud eterna, con la Vida en la muerte; nos lo explica ese profesor divino salido de la Escuela de Cristo que es el mismo Cristo de la Salud. Salud corporal, y lo más importante Salud del espíritu, que su clase magistral la deja no sólo en el barrio sino por toda Sevilla cuando asciende el Puente que especialmente le conservaron; cuando la cofradía sea desborde costumbrista en la Puerta de la Carne, cuando el mismo Cristo sea Salud ante la Salud en las puertas de San Nicolás, con una candelería apagada que sólo la Candelaria ilumina el jardín de nuestras almas. Salud, más adelante, en la Alfalfa para quien fue su costalero y allí se dejó el alma, y Salud en la misma plaza para aquellos acogidos en una residencia cercana que con la vida terminada hacen de aquella tarde su única Semana Santa.

Difícil teoría, pero realidad: Salud de quien entrega su Salud para el cuerpo y para el alma.

Y el mismo barrio, antiguo y recuperado, termina por exponernos su tercera teoría: el Refugio ante el dolor de la adversidad sólo se puede encontrar en nuestras propias madres, y por eso el Refugio se ha hecho carne en la Madre dolorosa del Cristo de la Salud y habitó entre nosotros. 

El Refugio es la promesa

que este barrio nos ofrece,

un natural que merece

el piropo que se expresa

en suspiro que embelesa

y huele a toreo de encanto;

que estando bajo su manto

ya no hay miedo que vencer,

y sí sólo el merecer

la bendición de su llanto.

 

Lleva una saya torera

esta Reina del primor,

la que todo lo hace amor

y de tan buena manera

en media verónica espera

llevarnos a su costado

que es el Refugio soñado

de todo nuestro temor,

cintura que ofrece amor

a quien se ciñe a su lado.

 

Va ascendiendo por el Puente

el Refugio de María,

casi nadie lo diría,

es el agua de una fuente

que sin sonar se presiente

por su húmedo frescor,

viene un manantial de amor

en verónica completa,

¡dejadme que yo me meta

quiero pasear a esa flor!

 

Me despido de la Virgen; han quedado por el aire espirituales verónicas de alhelí y naturales de ensueño, y pienso cuando voy caminando que yo no nací en su barrio, pero llega el Miércoles Santo y me siento tan torero que me creo de San Bernardo…”

 

            – Texto dedicado a la Cofradía de San Bernardo en el Pregón de la Semana Santa del año 2008, pronunciado en el Teatro de la Maestranza por D. Antonio Burgos Belinchón el día 9 de Marzo:

             “…Y la más que penitencial Semana Santa de los hospitales. Yo la he vivido. El hombre que dio la vida a la mujer que más quiero estaba ingresado, y sabíamos que tenía sacada papeleta de sitio para el inexorable paso de La Canina, en cuyo cuerpo de nazarenos estamos todos apuntados. ¡Qué Calle de la Amargura la Semana Santa del hospital! En el pasillo, lejana, suena una radio con una marcha, que alguien pone bajita, para no molestar. Pero suena. Y nos va diciendo que fuera, en la vida, en la Salud de San Gonzalo, en la Salud de San Bernardo, en la Salud de Los Gitanos, en la Salud de San Nicolás, en mi carretera Salud, existe la primavera, está ausente el dolor, no hay lágrimas, Sevilla como nueva Jerusalén del Apocalipsis, ataviada como una novia con la flor de los naranjos…

…Vaya puente y vaya luz…

Sube desde San Bernardo

el Cristo de la Salud.

No le llames el puente

de los bomberos,

¿no ves que junto al Cristo

viene un torero?

Que de lirios le ha llenao

Pepe Luis para su Cristo

el cartucho de pescao.

Virgen del Refugio,

tus respiraderos

tienen los remates, los machos y cabos

de un vestío torero…”

 

            – Texto dedicado a la Cofradía de San Bernardo en el Pregón de la Semana Santa del año 2007, pronunciado en el Teatro de la Maestranza por D. Enrique Esquivias de la Cruz el día 25 de Marzo:

“…Los tres días laborables de nuestra Semana, con su carga de normalidad, tienen algo especial que los diferencia de los festivos. Lo cotidiano nos devuelve por unas horas a la más cruda realidad, únicamente alterada por las visitas a los templos, que cada mañana guardan la ilusión de la espera. Pero poco a poco van pasando las horas y el ajetreo va cediendo.

Las calles han alcanzado ya la fugaz calma de la primera hora de la tarde, los numerosos bares de la zona desprenden el inconfundible olor a café recién hecho, pasa un grupo de turistas desorientados, buscando su hotel. Dejamos atrás la Alfalfa y subimos por Cabeza del Rey D. Pedro y Muñoz y Pabón. Están parados delante de San Nicolás. En la puerta, cumpliendo el rito de la cortesía, ha salido a saludarlos, con Ramón Ibarra siempre al frente, un estandarte azul sobre el que aun no se han apagado los reflejos de la Candela de Amor y belleza que iluminó los jardines la noche anterior. Discretamente delante, el Fiscal sostiene el horario en la mano enguantada de negro, a continuación la Cruz de Guía, celosamente escoltada por faroles y bocinas que portan nazarenos sacados de un grabado de Hohenleiter. Me lo sé de memoria. Avanzamos saliendo al encuentro de los tramos, tienen el privilegio de salir de un barrio histórico de extramuros, cruzar un puente que indultaron para ellos y entrar en Sevilla por la antigua Judería; barrio, puente y centro. Tienen el privilegio de tener el recorrido más bonito de toda la Semana. La cera roja nos recuerda su carácter sacramental y los niños de la calle San José recuerdan la bienaventuranza de los sedientos. En Santa María la Blanca la calle es más ancha y ya no es posible refugiarse del Sol, dueño absoluto, como casi siempre, de la tarde del Miércoles Santo. Pero el calor y el cansancio que se va notando ya de los primeros días, pasan a un segundo término cuando desde lo más alto del puente vemos acercarse el paso hacia nosotros. El canasto es rotundo en la sencillez de sus líneas, el clavel y el lirio se confunden en total armonía y los candelabros se elevan majestuosos al cielo, acotando el espacio en el que Cristo, dormido en la tarde, es acunado por seis guardabrisas que, casi imperceptiblemente, van marcando el redoble del tambor. Cruza la Ronda y entra en Sevilla entre cornetas y gentío, sin que nada ni nadie sea capaz de perturbar el sueño del Redentor, que avanza suavemente cumpliendo Su Sacrificio de Amor.

Desde que te buscara un lejano día pidiéndote un poco de Tu Nombre para mi casa, me has dejado atado a Ti por un lazo mucho más fuerte que la simple oración de un momento de zozobra. Cristo de la Salud de San Bernardo, que cruzas cada año la tarde de mi vida, a tus plantas me tendrás para siempre como uno más de esos cientos de hombres y mujeres, que todos los Miércoles Santo hacen renacer un barrio que sólo existe ya en sus recuerdos, para que Tú sigas sanando corazones heridos de nostalgia…”

 

            – Texto dedicado a la Cofradía de San Bernardo en el Pregón de la Semana Santa del año 2006, pronunciado en el Teatro de la Maestranza por D. Ignacio Jiménez Sánchez-Dalp el día 2 de abril:

 “…Pero será en la Huerta del Rey, renovando la historia de la Reconquista en un antiguo arrabal de moriscos, con tropas pasando la revista del Santísimo Sacramento con el Santo Rey, donde la Virgen del Refugio otorga el título de Mariana a todas nuestras advocaciones y a la ciudad que así lo confiesa.

Florece igual que una flor

la Rosa de San Bernardo.

y el amor le pudo al cardo,

le pudo el cardo al amor…

 

Grana y oro es el color

de tu manto en movimiento,

que como veleta al viento

va meciéndose artillera.

 

Refugio, Virgen torera,

por la calle Campamento…”

 

            – Texto dedicado a la Cofradía de San Bernardo en el Pregón de la Semana Santa del año 2004, pronunciado en el Teatro de la Maestranza por D. Rafael de Gabriel García el día 28 de marzo:

            “…El Miércoles Santo iremos, a primerísima hora de la tarde, hasta el Barrio de San Bernardo, donde el aire se remansa y parece tomar cuerpo en forma de macetas dormidas rebosantes de flores, en humildes balcones que se asoman sobre las fachadas en calles donde se respira la intimidad y por donde cada año se forma un modelo insuperable de devoción con tantas mujeres tras el Cristo de la cofradía que empezó como empiezan las cosas más de verdad que pueden hacerse en este mundo, entre niños.  

 

Cuando el Miércoles es luz,

en el cenit de la tarde,

cuando el sol está en lo alto

encumbrándose radiante

por calles de San Bernardo

hoy no está dormido el aire.

 

Que sale la cofradía,

que hoy es el día grande,

parece que todo ha vuelto

a ser como era antes

y las esencias toreras

de pronto resucitasen

porque en un rayo de sol

un paseíllo de ángeles

ha bajado al mediodía

y vuelan pegando pases.

Al aire dan molinetes

y a la brisa naturales

y en las calles se recrean

y se adornan dando lances.

La Puerta de la Parroquia

como un capote se abre

y surge la cofradía

de más duende y de más arte

que hubiera nunca en Sevilla,

por la Gracia de Dios Padre.

 

¡Qué revuelo en Gallinato,

y por calle Ancha, madre!

que el Cristo de la Salud

ya está pisando sus calles

mientras su Muerte Dormida

dialoga con el aire

bajo el azul y la luz

mientras la saeta arde.

 

Cuando pasa todo alegra

y detrás viene Su Madre,

que da Salud al que pide

y al que quiera Refugiarse.

 

El Cristo de San Bernardo

sube el Puente como nadie,

con andares costaleros

que a Sevilla pura saben

como el natural de frente

que pegó Manolo Vázquez

en una tarde de ensueño

y de despedida grande.

Yo te pido, Cristo mío

desde el verso que hoy me sale

que a Sevilla nunca olvides,

te pido que nos ampares

y te pido por el barrio

que en el cenit de la tarde

resucita las esencias

que perviven en su aire…”

 

            – Texto dedicado a la Cofradía de San Bernardo en el Pregón de la Semana Santa del año 2003, pronunciado en el Teatro de la Maestranza por D. Francisco José Vázquez Perea el día 6 de abril:

            “…Este es el valor profundo de la cera. De la suya va formando San Bernardo una hermosa senda cada Miércoles Santo, y desde Rodrigo Caro hasta Madre de Dios traza el mismo exacto camino por el que a mi me llevaron tantas veces de niño hasta el cielo. Hasta ese convento de dominicas donde la cofradía se suele detener, y donde una tía abuela, de imborrable recuerdo, Sor Cecilia, encarnó mi ideal de bondad y espiritualidad. A ella quieren regresarme las filas moradas y negras de la Virgen del Refugio, cuando ya la tarde cae, cuando el Cristo de la Salud propicia chicotá a chicotá un encuentro de Emaús que nos hace arder con su compañía. Y que al no encontrar ya en aquel convento a tan entrañable monja, me invita a seguirlo hasta su barrio, cumpliendo lo único que ella quería: que Dios reinara siempre en nuestros corazones…”

 

            – Texto dedicado a la Cofradía de San Bernardo en el Pregón de la Semana Santa del año 2002, pronunciado en el Teatro de la Maestranza por D. Francisco J. Ruiz Torrent el día 17 de marzo:          

            “…Qué más quisiera este Pregonero que contar con la satisfacción de que sus palabras hubieran llegado hasta ti, antiguo vecino del Barrio de San Bernardo, que naciste y viviste durante más de media vida en esa casa ya desaparecida de la calle Campamento, desde donde saliste tantos Miércoles Santos camino de la parroquia para acompañar a tu Cristo de la Salud y ahora vives en la continua nostalgia de esa calle, en un barrio lejano en el que aún te sigues encontrando extraño. Qué más quisiera yo, que mis palabras calaran en lo más hondo de tu alma sevillanísima…”

 

            – Texto dedicado a la Cofradía de San Bernardo en el Pregón de la Semana Santa del año 2001, pronunciado en el Teatro de la Maestranza por D. Carlos Herrera Crusset el día 1 de abril:

            “…Pero como les decía, entre aquellos que vienen a vernos en Semana Santa, están muchos sinceros amantes de Sevilla que siempre son bienvenidos. Entre ese grupo podría estar mi compadre Alvarito, de quien me voy a permitir la licencia de contar una breve historia. Andaba este hombre debatiéndose entre un par de dramas, hace de esto muchos años, de los que no acababa de salir y que le estaban costando el carácter. Supe de su estado y le invité, una vez más, a conocer la SS, como ya había hecho otras veces aunque sin éxito. Esta vez aceptó y ya no me dijo lo de todos los años:          

            -que quieres que te diga, a mí la religión y las vírgenes no me convencen ni me dicen nada.

            Sencillamente tomó un avión desde Barcelona y vino a caer en mis territorios un miércoles de atardecida. Quiso la casualidad que en ese momento estuviera revirando muy cerca de mi casa la impresionante canastilla del Cristo de la Salud de San Bernardo, el cual pareció abalanzarse sobre mi amigo con el imponente realismo de su rostro recostado y la Fe desbordante de su gente. Aquél primer impacto causó su primera mueca de emoción,…” 

 

            – Texto dedicado a la Cofradía de San Bernardo en el Pregón de la Semana Santa del año 2000, pronunciado en el Teatro de la Maestranza por D. Joaquín Caro Romero el día 9 de abril:

            “…Una de las claves hermenéuticas del pontificado de Juan Pablo II ha sido la preparación del gran jubileo, que tiene un "carácter claramente cristológico". Pienso esto porque el Miércoles Santo es un día de gran intensidad cristológica. El Miércoles Santo es la jornada mayor de los Crucificados en cuanto al número. De las ocho Cofradías, seis incorporan a Cristo en la cruz.

La Sed habla por la boca del Crucificado del barrio de Nervión, otro compasivo Rey sin corona, como el perdón se asienta en la primera de las Siete Palabras de Cristo y la muerte se proyecta en la reciedumbre del Cristo del Buen Fin, en la solidez del de Burgos, en la relajación del de San Bernardo, en la distensión del de La Lanzada. Sicon el último suspiro vino a nosotros, al hacerse la voluntad del Padre, su Reino, Santa María de Consolación explica el cielo con sus pupilas celestes, y la franciscana Virgen de la Palma lo acerca en los terciopelos azules de su manto y su palio, y la Madre de Dios de la Palma lo interroga con sus ojos misericordiosos, y Regla pone la excepción, guardándolo en el recato de su mirada que se hace doble cruz de San Andrés en la candelería, encendida con la antorcha que alumbró el rostro del Hijo traicionado en la oscuridad de Getsemaní y propagó el resplandor de su llama hasta la Madre, que parece decir: "¡Luz, mi cruz; cruz, mi luz!".

Si todas las Dolorosas de Sevilla son el refugio del cofrade, hay una que además lo lleva por nombre:

Va por un puente sin río

y es el puente su escabel,

por si se cae un cairel

del dulce Refugio mío.

Va en un paso con trapío,

que reluce tan gallardo,

que es el clavel y no el nardo

quien con puntería artillera

mide la gracia torera

del barrio de San Bernardo…”